En silencio y sin muecas,
me sirvo de tu mirada,
para descansar sin alma,
triste piel alocada,
melena haciendo piruetas.
Quince días, catorce noches,
luna en cuarto creciente,
dormida crece paciente,
esperando sin derroches.
Testigo de mis pesadillas,
ayuda sin ánimo de lucrarse,
confiando y reservándose,
mis últimas y duras porfías.
Grande compañera blanca,
guiña y vive mi esperanza,
inyectándome con luz energía,
quizás llegue ese día,
en el que soñar pueda,
donde me dejen y me plazca.
El Pergamino de mis Emociones ©
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