Llegas a la cumbre desierta,
deseoso de triunfo y fama,
saciando tu irrefrenable calma,
alentando tu ego, tu negra alma.
Encomiable tu "gran esfuerzo",
necesitando limones y comandas,
donde te dirijan sin ir a ciegas,
donde te aferras con cierto empeño.
¡Cuánta vida desperdiciada en huir!
¡cuánta maldad cerca a tu lado!
cuánto malcriado justificado,
para concluir de este modo, así.
¡Cuánto sufrir para luego repartir!
¿cuantas manos ves esperando?
¿cuántos hijos debió parir?
¡cuánto interés por un legado!
Ellos que vivieron suspirando,
corazones testigos de tu sufrir,
llorando están muy desconsolados,
los benefactores de su ida, de su partir.
Es momento de atestiguar el calvario,
un trono sin rey hay que dividir,
legalmente en porciones a repartir,
consensuado en fecha, ante el señor notario.

